Programación

Jazzinema 4

Jazzinema 4

Será el azar. En 1927 con El cantor de jazz irrumpe el cine sonoro y hasta en el título se nos remite al jazz. En las anteriores ediciones de JAZZINEMA que ha organizado la Filmoteca Vasca, se han pro­gramado películas que dan cuenta de la privilegia­da relación existente entre estas dos disciplinas artísticas: cine y jazz, jazz y cine. Tres grandes ejes son los que sostienen la naturaleza misma de la idea y abundan los ejemplos ya programa­dos: cine que incluye jazz en su banda sonora de manera relevante (Ascensor para el cadalso, 1958), cine que tiene a músicos de jazz como protago­nistas (Bird, 1988) y cine en cuya narrativa el jazz parece haber ejercido una notable influencia (The Connection, 1961). En algunos de ellos, será el azar, hay algo de los tres ejes. En el País Vasco hay grandes pasiones por el cine y el jazz. Y lo que he­mos comprobado, será el azar, es que a menudo los amantes lo son de ambos.

La gran novedad de esta cuarta edición de JAZZI­NEMA es que estaremos también en Bilbao, en el Museo de Bellas Artes, como siempre, y que co­laboramos por primera vez también con el Festi­val Internacional de Jazz de Getxo. Otra noticia es que hemos querido poner el foco también en el cine francés, que tan importante fue, será el azar, a la hora de introducir en sus bandas sonoras a músicos de jazz: Al final de la escapada (Jean-Luc Godard, 1960) no solo es una película fundacional de la Nouvelle Vague, sino que la banda sonora de Martial Solal, su propio montaje y algo en su alma nos trasladan como espectadores a un sis­tema planetario cuyo sol es el jazz. A Roger Vadim muchos no le perdonaron que se atreviera con el clásico de Choderlos de Laclos (Les liaisons dan­gereuses) pese a que contara con Jeanne Moreau, Gérard Philipe, Jean-Louis Trintignant o incluso el escritor y músico de jazz Boris Vian en el reparto. Que además en la música estuvieran Art Blakey, Duke Jordan y Thelonious Monk hace que merez­ca la pena revisitar la película. Si el jazz y el cine han tenido a menudo vasos comunicantes, lo del jazz y el cine negro ya es cuestión de vidas para­lelas. En Sólo un testigo (Édouard Molinaro, 1959) la música de Barney Wilen da vida a una persecu­ción donde Lino Ventura brilla con luz propia en una película de puro cine negro francés.

Cruzando el Atlántico, poco cabe añadir a lo ya dicho sobre la obra maestra Sed de mal (Orson Welles, 1958), con música de jazz latino de Henry Mancini. Que es imposible comprender el cine de Woody Allen sin el jazz queda una vez más claro en Días de radio (1987), donde la música suena además a través de las radios de Nueva York en los años 40. Para terminar, un estreno: Ella Fitzge­rald: Just One of Those Things (2019), una película sobre la estrella del jazz realizada por uno de los documentalistas británicos de mayor prestigio, Leslie Woodhead. Jazz y cine, cine y jazz. Aquí, en el País Vasco, y de mano de la Filmoteca Vasca. Será el azar...

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